Posted by Niko Ramone | File under :

en el verano de 1975 aparecio un pequeño artículo sin firma en el periódico Village Voice recomendando un club nocturno de nombre extraño; allí, una banda de nombre también extraño intentaba "hacer un agujero en la capa de ozono". Una maravillosa imagen que ha permanecido en mi cabeza todos estos años, arrancada de los apocalípticos titulares de la época y transformada en un desafío de rock & roll. Los Ramones producían ese efecto en los críticos, que sentían la misma atracción por la energía de la banda que los cormoranes por el casco de un gran barco, y, al paso del grupo, soltaban un mar de metáforas y adjetivos. Esa noche, los Ramones brindaron dos sets de doce minutos cada uno (los Talking Heads fueron teloneros) que me dejaron perplejo y riendo sin control. ¿Cómo podía salir tanta energía de amplificadores tan pequeños?
Un año después, ya tenían amplificadores grandes y un álbum en las disquerías, y mi primer trabajo para Rolling Stone fue entrevistarlos. Joey me produjo pánico. Era el frontman y, esa noche, parecía comatoso; murmuraba algo acerca de su "colección de picaportes" y fue todo lo que dijo durante toda la entrevista. Por suerte, Johnny y Dee Dee hablaron, con increíble candor, acerca de su odio por la escuela secundaria y sobre aspirar pegamento, mientras Tommy teorizaba sobre despojarse de todos los adornos pretenciosos (como los solos de guitarra) que ensuciaban la música popular en esos días. ¿Eran inocentes o astutos? No lo sabía con seguridad, pero ya tenía mi historia y había hallado el curso que seguiría mi carrera.
Entrevisté a Joey dos veces más. Una, en 1983, y la otra, el año pasado. Me impresionó como un músico brillante, atrapado en el cuerpo de Abraham Lincoln: miembros increíblemente largos, poca espalda y nada de cola. Su estructura esquelética parecía sostenida tan sólo por nervios y tendones, sin evidencia visible de músculos. Escondía su cara aniñada detrás de un casco de pelo oscuro y anteojos de sol redondos. Es difícil imaginar a alguien menos preparado para la vida en la ruta, y esa fue la maldición de los Ramones. Los programadores radiales los odiaban y, al no ser lo suficientemente bonitos como para la televisión, como única vía para crearse una audiencia sólo les quedaba la opción de salir de gira constantemente. Veinte años de comida en la ruta y el estrés deben haber contribuido al linfoma de Joey. Durante veinte años, una de las frases más escuchadas del rock & roll fue: "Vimos a los Ramones y decidimos formar un grupo. Si esos bobos pueden hacerlo, ¿por qué nosotros no?". El don de los Ramones fue su mágica habilidad para convertir la angustia en algo divertido. Sus canciones eran tan graciosas que era fácil perder de vista el dolor que las había inspirado (ése era el truco). Cuestiones como la escuela secundaria, la ruta, las relaciones amorosas, cómo ser un hombre y cómo ser vos mismo, fueron fuentes de tormento y -a la vez- de las mejores bromas en la historia de la música. En 1983 le sugerí a Joey que los Ramones tenían un efecto liberador, que eran una fuerza de libertad porque habían democratizado el rock & roll. "Si esto es la libertad, estoy bien jodido", dijo, riéndose. "Si esto es libertad, debería estar en Alemania Oriental, sometido a torturas."
La ironía fundacional del punk -una subcultura abrumada por la ironía- era que el líder de la primera banda auténticamente punk no fue un punk. Johnny y Dee Dee eran los auténticos creyentes. Joey tenía una actitud cuasi-hippie respecto de la integración, de invitar a todos a ser parte de la escena. El tema "Pinhead" era divertido, pero Joey decía en serio eso del estribillo: "Te aceptamos".
El punk se habría de volver muy excluyente, con su interminable debate acerca de quién era pura pose y quién era un punk auténtico. Joey Ramone sabía que todos somos pura pose, y siguió adelante, invitando a los bobos de cualquier parte a reinventarse a sí mismos tras cualquier identidad que quisieran adoptar.