Posted by Niko Ramone | File under :
El larguirucho que se plantaba en el escenario y de ahí no se movía. El tipo que fue hippie y después patentó el uniforme de campera de cuero y jeans rotos. El borracho, el hijo de una experta en arte, el artista demócrata, el apasionado de la bolsa de valores en sus últimos días. Joey, un tipo al que muchos argentinos llegaron a considerar un “amigo”. 




Joey Ramone no era los Ramones. Los tres acordes de guitarra eran de Johnny, la mayoría de las grandes canciones estaban firmadas por Dee Dee, y la banda en general siempre fue una unidad de cuatro tipos en camperas de cuero que parecían tontos y tocaban rápido canciones de tres minutos y pico, que salvaron al rock’n’roll de convertirse en una pretenciosa fórmula musical ejecutada por virtuosos. Pero era imposible sacar los ojos de él. El hecho de que fuera el frontman más desgarbado y menos adecuado de la historia del rock lo hacía una estrella. Su metro noventa, su inmovilidad, sus anteojos, incluso su famosa inestabilidad (hay incontables anécdotas de Joey tropezándose, cayéndose, siendo un ejemplo de la más absoluta torpeza), sus anteojos negros y el pelo sobre el rostro que apenas dejaban adivinar sus rasgos, todo eso lo convertían en alguien único. Había que tener mucha personalidad para con esa voz nasal y un tono de brutal desinterés, entonar o algo así “pegale al pendejo con un bate de baseball” (“Beat on the brat”). 


La voz de Joey Ramone tenía toda la ironía necesaria para comprender que los Ramones eran mucho más inteligentes de lo que parecían y mucho más informados acerca de la historia de la música pop de lo que sus breves melodías sugerían. Que, de hecho, eran una banda brillante. Al hablar, Joey apenas murmuraba, por lo que era bastante más fácil no escuchar lo que estaba diciendo y no descubrir su agudeza cuando hablaba de política, una faceta de su personalidad que muy pocos sospechaban. De familia demócrata, Joey estaba deprimido con el retorno conservador de los últimos años en Estados Unidos. “El país está espantoso. Cuando veo CNN en los hoteles de otros países, me pregunto: ¿para qué mierda volver? Todos estos crímenes sin sentido. Después hablan de los neonazis en Alemania, pero hay más skinheads y KKK en Estados Unidos que en Berlín. Hay que tener la mente abierta. La actitud machista que hay ahora es insoportable. La gente tiene miedo de exponer sus sensibilidades, y la gente que no puede conectarse con otros está perdida.” De todos modos, cuando Joey daba sus opiniones, aclaraba que hablaba por sí mismo. “Porque Johnny es conservador. Odio decir eso de Johnny, pero es verdad. Creo que hace que la banda se vea mal, pero supongo que la belleza de los Ramones es que atraen a todo el mundo. A mí me enferma que vengan skinheads a nuestros shows, aunque sea a ventilar frustraciones. Trato de ignorarlo. Me hace mal.” 


La semana pasada, Arturo Vega (el artista plástico que trabaja con los Ramones desde siempre y que recogió en su departamento a los perdidos Joey y Dee Dee en los ‘70) fue a ver a Joey al hospital, donde estaba haciendo un tratamiento por un cáncer linfático. Vega dijo que Joey estaba mejor, que estaba viendo “The Sopranos” y que parecía recuperado. Muchos suspiraron de alivio, pero duró poco. Joey Ramone murió el domingo de Pascua en un hospital neoyorquino. Lo acompañaban familia y amigos, y su madre cuenta que, justo antes de morir, Joey estaba escuchando la canción “In a little while” del último disco de U2. Tenía 49 años, y pocos meses antes había estado en plena actividad. Muy pocos sabían que estaba tan enfermo. 
Dee Dee, Tommy, Johnny y Joey Ramone vivían en la misma cuadra cuando eran adolescentes, en unos lindos edificios del barrio Forrest Hills de Queens, Nueva York. Johnny y Dee Dee se hicieron amigos primero, a partir de un mutuo fanatismo por los Stooges. Después integraron a su grupo a Mitchell Hyman (más tarde conocido como Mickey Leigh), pero no tenían ganas de hacer migas con el hermano de Mitchell, Jeffrey Hyman (más tarde conocido como Joey Ramone). “Joey se hacía llamar Jeff Starship en aquellos días”, cuenta Mitchell, “y se juntaba con gente rara del Village. Era un hippie consumado. Andaba descalzo y se había ido a San Francisco, y tenía muchos amigos hippies. Por eso Johnny ni quería hablarle: odiaba a los hippies”. 


De todos modos, las diferencias pronto fueron puestas a un lado cuando Dee Dee descubrió que había una afición que podía compartir con Joey: a los dos les gustaba beber, y mucho. Se pasaban tardes enteras tomando whisky en sus habitaciones. Claro que Johnny y Dee Dee también usaban todo tipo de drogas, cosa en la que Joey nunca pudo acompañarlos. “Nunca aspiré pegamento o Carbona”, solía contar Joey, “nunca me enganché con las bolsitas de papel. Lo hacía de vez en cuando, pero nunca como los chicos. Nunca pude manejar las drogas demasiado bien”. Fue por esa época cuando la madre de Joey, que era dueña de una pequeña galería de arte, lo echó de la casa porque no lo soportaba más. Joey tenía 21 años y no estaba haciendo nada con su vida, no trabajaba, no estudiaba, se emborrachaba, y no daba indicios de ninguna intención de cambiar de actitud. “Lo único que hacía era sentarme en una esquina con Dee Dee en pedo e insultar a la gente. Me echaron, y mi mamá me dijo que era por mi propio bien. Entonces me mudé a su galería de arte. Tuve que esconderme ahí porque la policía, cuando veía luces a la noche, pensaba que era un ladrón. Dormía en el piso, y de día trabajaba ahí. Antes de irme a dormir iba a un club de Queens a escuchar rock’n’roll. Y poco después Dee Dee se vino a vivir conmigo a la galería.” Joey estaba en plena experimentación en esa época. Pintaba con mezclas de zanahorias y lechuga y frutillas, como si fuera un artista de vanguardia. También grababa sonidos: con un micrófono registraba tormentas, truenos, pelotas de básquet rebotando. Sus rarezas eran atribuidas, sin embargo, a que había estado un tiempo en una clínica psiquiátrica. Y eran bienvenidas por eso también. A Dee Dee y a Johnny les gustaba juntarse con alguien que estuviera loco. Les parecía cool. 



JoeyMitchell cuenta que “a Joey le sirvió estar en el loquero, porque tenía muchas novias que había conocido ahí. Y a Johnny le gustaba juntarse con gente rara, todo lo que fuera demente le parecía alucinante”. La música también era parte de su vida. “Cuando era adolescente tuve que atravesar un montón de mierda, mi mamá se divorció y se volvió a casar, una familia nueva y todas esas cosas. Encontré mi salvación en la radio. Me acuerdo de la primera vez que escuché a los Beach Boys, era ‘Surfing USA’ y me impactó. Pero los Beatles fueron los que me convirtieron en un fan. Y más tarde los Stooges, que fueron una banda que me ayudó mucho en mis períodos oscuros. Me ayudaban a sacar afuera la agresión. Nadie andaba armado en aquellos años, ningún chico llevaba armas a la escuela. Lo que hacías era poner música fuerte que te hacía sentir bien.” 


Fue por esa época cuando Joey empezó con su carrera. Pero no fue en una banda punk sino en una banda glam que se llamaba Sniper. Joey siempre había llamado la atención, por su altura y su desgarbo, pero con plataformas pasaba los dos metros, y el maquillaje no era una buena idea para su cara. Terminaron golpeándolo, claro, y tuvo que pasar una noche en el hospital con la nariz rota. Pero esa experiencia glam le sirvió para demostrar que podía cantar en una banda. Cuando Dee Dee y Johnny lo llamaron para formar parte de la que estaban pensando formar, sin embargo, le pidieron que tocara la batería. Contaba Joey que “era un desastre. Dee Dee cantaba y tocaba la guitarra, pero no podía hacer las dos cosas al mismo tiempo. Estábamos siempre borrachos. Lo que empezó a pasar fue que ellos tocaban cada vez más rápido y yo no podía seguirles el ritmo. Entonces me pidieron que cantara. Creían que podía funcionar, me habían visto en Sniper y les parecía que yo no me parecía a nadie. Todos los demás estaban imitando a Jagger o a Iggy, pero yo era distinto. Tommy, que hasta ese momento había sido nuestro manager, tuvo que sentarse en la batería porque nadie más quería”. Fue en uno de esos caóticos ensayos donde decidieron llamarse The Ramones y adoptar todos ese apellido, sin demasiadas explicaciones o ceremonias, de la misma forma en que a partirde allí construirían su carrera. El nombre fue tomado de un seudónimo que usaba Paul McCartney cuando los Beatles tocaban en Alemania al principio de su carrera, Paul Ramon. En aquella época, los Beatles todavía se vestían de cuero negro. “La música que amábamos se estaba muriendo, así que decidimos hacerla nosotros. Lo bueno desaparecía. Johnny concibió un nuevo sonido para la guitarra, y todos los demás agregamos algo. Y cantábamos sobre las cosas que vivíamos, nuestras frustraciones y cosas que tenían que ver con la radio, la TV y la vida real.” Lo que pasó después, como suele decirse, es historia. 


Y a pesar de su status de pionero del punk y de que los Ramones están en la memoria colectiva de todos, Joey Ramone nunca creyó que hubiera recibido el reconocimiento que se merecía. Hace poco, la revista norteamericana Entertainment Weekly eligió los 100 momentos clave del rock, y el primer show de Ramones en el CBGB’s quedó en el puesto 11. Eso hizo sentir bien a Joey, porque “siempre fuimos más que una banda: inspiramos a generaciones de chicos. Era mucho más que punk rock. Me gusta que haya bandas como Green Day u Offspring. Pero, al mismo tiempo, mi carrera fue una frustración tras otra. Nunca llegamos al Top 40 en EE.UU. a pesar de que escribimos canciones muy radiables como ‘Sheena is a punk rocker’ o ‘Rockaway Beach’. Hubo muchos obstáculos que no estaban en la música sino en la industria, en la radio o lo que sea. Mucha gente nos tenía miedo”. 
Desde la separación de Ramones en 1996, Joey siguió activo. Además de producir el disco de Independents (una banda de ska), Joey co-produjo un EP para su ídolo, Ronnie Spector, y escribió una canción para él, la balada “She Talks to Rainbows”, sobre una chica rara que había conocido en la calle. Y en los últimos tres años había estado trabajando en un disco solista: tenía escritas casi 20 canciones y pensaba grabarlas con una banda que incluiría a Andy Shernoff de The Dictators y a Frank Funaro de Cracker. Pero, a pesar de sus proyectos, mantuvo un perfil bajo en los últimos años, apareciendo a veces en alguna fiesta de los clubes neoyorquinos. Más recientemente grabó una canción con los otros Ramones para la banda de sonido de una película, en lo que significó un indicio de reunión nunca concretada más tarde. El domingo, en Nueva York, mucha gente se enteró de la muerte de Joey Ramone por e-mails que enviaron Mike Watt y Thurston Moore. Mike Watt escribía: “Sheena es una punk. Yo también. Te voy a extrañar”. En el sitio de Internet salon.com, periodistas amigos y fans escribieron pequeños recordatorios, y la mayoría coincidió en varias cosas: que Ramones fue la primera banda punk que escucharon y que les cambió la vida, que esperaban que Joey antes de morir se hubiera dado cuenta del enorme respeto que le tiene la nueva generación de punks, que no podían creerlo. Todos recordaban el “1-2-3-4!” y el “gabba gabba hey” y esa intensidad única, casi efímera. Pero inolvidable.